Las plantas de Maria Treben: La Celidonia

LA CELIDONIA
"(...)Las cataratas y las máculas de la córnea desaparecen poco a poco. El jugo ayuda incluso en el caso de desprendimiento o hemorragia de la retina. Para eso se arranca una hoja de la Celidonia y después de lavarla se estruje con los dedos mojados la parte tierna del rabillo. Con el líquido obtenido de esta forma, se unta el ojo cerrado en dirección de los ángulos. Aunque el jugo no entra directamente en el ojo se le transmiten sus virtudes curativas. Del mismo modo se procede contra las cataratas y otros trastornos visuales así como preventivamente en los ojos sanos cuando se tiene simplemente la vista cansada. A mí misma me sienta muy bien cuando a veces estoy leyendo y contestando cartas hasta muy entrada la noche. Entonces cojo de mi huerto una hoja de Celidonia y me froto suavemente, como se ha indicado anteriormente, el zumo hacia los rabillos de los ojos. Cada vez siento un alivio como si me quitaran un velo de los ojos. En la homeopatía preparan de la Celidonia una tintura, de la cual se toman 2 o 3 veces al día de 10 a 15 gotas con un poco de agua.






Hace unos años me contaron el caso de una campesina que tenía en el párpado inferior del ojo derecho una úlcera roja del tamaño de un guisante. El oculista al que fue la mujer para que le recetara nuevas gafas vio el bulto, el cual no le gustaba nada. Ella ya lo tenía desde hacía 7 años y no le molestaba. El médico extrajo una prueba y la mandó al laboratorio de análisis. Se trataba de cáncer de piel. Como podrás figurarse, fue un choque terrible para la joven campesina. Pronto supe quién era -por casualidad una amistad de nuestra familia- y así pude llamarle la atención sobre la Celidonia. Era febrero y por suerte hacía buen tiempo. La Celidonia, que es una planta perenne, se mantiene fresca y verde en invierno. Le aconsejé a la mujer que trasplantara una planta con sus racíces en una maceta para tenerla siempre a mano y le dije que no tuviera miedo por el ojo, ya que ese jugo no lo perjudicaba. También le recomendé que fuera una vez al mes a la radioterapia, como se lo había ordenado su médico, aunque yo sé que los rayos-X no destruyen las úlceras cancerosas pero sí partes sanas de la piel e incluso a veces los huesos. Poco antes de Navidad recibí la buena noticia de que la úlcera había desaparecido. La mujer vino a verme y me abrazó llena de alegría. El oculista que había consultado preguntó sorprendido lo que había hecho. Ella exclamó: "Cada mes radioterapia en Linz", a lo que contestó el médico: "Si han sido los rayos-X es un milagro". También me dijo la mujer que si yo no le hubiera dado ánimo, fe y confianza, jamás hubiera soportado todo lo que veía en el laboratorio de radioterapia, todas esas caras de los otros pacientes comidas hasta los huesos."

Extracto del libro Salud de la botica del Señor, de María Treben.

Gràcies, Carme!


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